viernes, 9 de abril de 2010

AL SR DEL "MANTENIMIENTO"

Eras como esos días en que eres la vida y todo lo que tocas se hace primavera
SR

No recuerdo desde cuando empezó usted a trabajar para mi, creo que desde el principio de los tiempos, cuando empezó lo que llamamos la “belle epoque”. No recuerdo su nombre, ni me importa, no me interesa cuantas horas extras trabajó, ni si le quedé a deber algo de su salario. Mala persona, mala patrona que soy. Es feo, pero no me interesa ni su vida personal y para el caso ni si vive o muere (es un decir claro).

Pero, señor fulano, zutano o mengano, a través de estos miles de años puedo decirle una cosa que, si usted la supiera sería digamos, gratificante para usted y sobre todo para su súper ego de macho alfa.

Al grano mi estimadísimo.

Cierro los ojos a cierta hora del día pero sobre todo de la noche, cierro y me ensueño y es entonces cuando a través de su recuerdo, mi piel vuelve a sentir sus manos blancas y rugosas o morenas, firmes, suaves. En esos instantes mágicos recuerdo hasta los detalles más simples, las anécdotas más sencillas y superfulas. Me veo arremetiendo en contra o a favor de tanta marejada, alcanzo a percibir tu olor, escucho claramente los sonidos de tu cuerpo, así cerquita del mío, confundiéndose y confundiéndome.

Eres una presencia que, sublimada, vuelve a mí de vez en vez;; eres la cuarta parte de mi media naranja, eres el que siempre ha estado ahí para salvar a esta mujer de sus delirios, de sus sueños alucinantes, de la falta del calor cotidiano al anochecer. Has sido la presencia constante y en mi locura te he puesto mil nombres, te he escrito cien poemas, he cantado millones de canciones en tu honor.

Hoy existe una gran posibilidad de que regreses a mí para alimentar esa fierecilla enloquecida que tan bien domesticaste, hoy es inminente tu regreso, está latente la probabilidad de que me diga y me contradiga y sin reparos, me vuelva a perder en tus ojos que hoy son verde aceituna, en tu blanca piel que, aunque no lo quiera, así luche, no importa cuanto lo intente, no puedo olvidar.

Todo muy lindo pero recuerde Sr. que usted el del mantenimiento; recuérdemelo a mí porque a veces mi corazón pierde el piso y usted sabe -porque me conoce re bien- que las alturas que alcanzo y trancazos que me doy al caer son antológicos y perjudiciales para la humanidad,

Y, por cierto… sí ven, sí ven, SÍ VEN!!!!!!!!!
(jejeje…continuará…)


Gracias por “darle a mis ansias razón para un beso (SR)”

CR marzo 2010

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